5 Puntos para la Sanación Racial en la Carta del Obispo Seitz

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El pasado 13 de octubre, dos meses después del mortal tiroteo en un Walmart de la ciudad de El Paso, el obispo Mark Joseph Seitz publicó una carta pastoral sobre el racismo desde el punto de vista de las tierras fronterizas: Noche Ya No Habrá, Carta Pastoral para el Pueblo de Dios en El Paso. Complementando las reflexiones hechas el pasado año  por los obispos de Estados Unidos en la carta Open Wide Our Hearts, Seitz nos ofrece un documento que explícitamente admite lo que el racismo es, confronta su larga historia, e ilustra lo que es un verdadero compromiso de sanación. Su honestidad me recuerda las palabras del mártir jesuita Ignacio Martín Baró: “Hay verdades que sólo se pueden descubrir a través del sufrimiento, o desde el punto de vista crítico de situaciones extremas.” 1  Aquí les comparto 5 puntos de la carta del obispo Seitz, útiles para aquellas personas que trabajan para la sanación racial.

1) La supremacía blanca es el problema

El racismo no es simplemente una serie de creencias individuales de superioridad racial. Es una serie de políticas y medidas que injustamente favorecen a un grupo racial a costa de otro. En el contexto específico de los Estados Unidos, las personas blancas han sido, hasta el día de hoy, los principales beneficiarios de leyes, medidas y conductas discriminatorias e institucionalizadas. Ataques como el reciente tiroteo en El Paso han sido en explícita defensa de este sistema de supremacía blanca. Tal como Seitz señala “Si somos honestos, el racismo se trata realmente de avanzar, asegurar y no oponerse a ventajas y a un sistema de privilegios para la gente blanca…La acción para construir este sistema de odio e inacción para oponerse a su desmantelamiento, es lo que llamamos supremacía blanca (Noche Ya No Habrá #14). En el tiroteo de El Paso, “sangre latina fue derramada en sacrificio al dios falso de la supremacía blanca” (Noche #1).

2) Sanar requiere admitir una historia y un presente de exclusión

Contextualizar políticas discriminatorias de hoy en día, dentro de una larga historia de abuso racial, da perspectiva a debates actuales. Hablando desde el Estado de la Estrella Solitaria, el obispo dedica la segunda parte de su carta a resumir la historia del racismo en la frontera. Desde el tiempo de los colonizadores españoles explotando a los nativos, a la guerra de independencia parcialmente hecha para asegurar la supervivencia de la esclavitud en el estado; desde los Rangers de Texas asesinando miles de mexicanos, a la Ley de Exclusión de Chinos que deportó a los inmigrantes chinos después de que el ferrocarril fue completado; con la expulsión de los braseros  en los años sesenta, los tiroteos recientes y muchos otros ejemplos, el mensaje consistente a las minorías raciales a través de estas políticas ha sido “Tú no vales” (Noche #21).

Contra toda esta historia del racismo, las minorías han luchado valientemente pero no sin sufrir de pobreza forzada y otros “efectos mortales.” Seitz explícitamente denuncia que estos no son sufridos “porque alguien sea inherentemente inferior, criminal o vago. Sino que “debido a estos pretextos criminales, las personas en la frontera han tenido menos oportunidades. Esto es racismo institucional” (Noche #39).

3) El muro es otro acto de racismo y xenofobia

Para el obispo Seitz, el muro que divide la frontera entre Estados Unidos y México es “un poderoso símbolo en la historia de la raza” que ha “ayudado a fusionar vanidades nacionalistas con proyectos raciales” (Noche #34). El muro, que comenzó con NAFTA antes del 2016, asegura que la riqueza cruce la frontera, pero criminaliza “la movilidad humana.” Daña al ambiente y mata familias. Agrava percepciones racistas hacia mexicanos y otros migrantes. Afecta la manera en que vemos el Sur de la frontera como peligroso, y cómo nos vemos a nosotros mismos en los Estados Unidos como “observadores pasivos en el crecimiento de la narcoviolencia y el tráfico de seres humanos y drogas.” “Habrá un día en que después de que este muro se haya derrumbado, miraremos hacia atrás y recordaremos el muro como un monumento al odio” (Noche #35).

4) Nuestra vocación es ser antirracistas

La solución al racismo no consta de ser no-racista. Como el obispo ya ha explicado, no actuar es también racista. El racismo es “el anti-reino,” y la Iglesia se supone que continúe con la misión de Jesús de restaurar “la unidad de todo el género humano.” El bautismo y la Eucaristía son medios especiales para este fin (Noche #54). Por lo tanto, la iglesia tiene que “morir a una actitud de miedo” y elevarse “con la voluntad de encontrarnos con otros en vulnerabilidad (Noche #57).” Proceder sin compromiso no es una opción. “También debemos comprometernos a ser antirracistas en solidaridad activa con los que sufren y los excluidos” (Noche #59).  

5) Nuestro objetivo es construir la “Ciudad de Dios”

El racismo no tiene espacio en el reino de Dios. Si el racismo se manifiesta en políticas que injustamente favorecen a un grupo racial a costa de otro, su desmantelamiento requiere políticas que reparen el daño hecho a las minorías. Recordando a los lectores que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes,” el obispo declara que todos y todas debemos trabajar para asegurar acceso sin exclusión a educación de calidad, cuidado de salud universal, la protección de la vida humana, mejores salarios, rechazo a la violencia con armas, entre otras cosas (Noche #61).

Promover el fin del racismo, es trabajar por una mejor sociedad. Es un “trabajo” que es “sagrado,” “ya que contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana.”

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Dios “escucha el clamor de los pobres” dice el salmo. Dios también es el que grita a través de los pobres en contra de la injusticia y el racismo. Aquellos que prestan atención con un corazón honesto lo pueden escuchar. Después de todo, la honestidad es el primer paso para la sanación. El racismo no puede ser tratado como un problema secundario. Tiene que ser prioridad para la iglesia Católica. Mientras continuamos nuestra meditación de la carta del obispo Seitz, unámonos en oración con la gente de El Paso por las 22 víctimas del tiroteo y sus familiares. Oremos también para que el terrorista no sea ejecutado con la pena capital. Su sangre creará más odio. Que Dios conceda la conversión a nuestros políticos y a todos los beneficiarios de la supremacía blanca que todavía se resisten a escuchar el clamor de los pobres. El momento para ser antirracistas es ahora.

  1. Hearts on Fire: Praying with Jesuits. Edited by Michael Harter. Saint Louis: Institute for Jesuit Sources, 1993. 65.

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