Sangre y agua: pecado, sufrimiento y “Top of the Lake”

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Oscuros horizontes. Lugares desolados.

Originalmente escrito en ingles y traducido por Manuel Carrasco García-Moreno

Estos últimos días de verano me los he pasado dándome un atracón con una suscripción gratuita de 30 días de prueba en Netflix. No es que me sienta orgulloso de haber estado pegado al ordenador durante un mes, pero estoy impresionado por lo que he visto. Esta gente tiene buena televisión ahí y también, como cabe esperar, un océano de telebasura. Supongo que el arte es imitación de la vida: lo bueno, lo malo y la mierda. Pero vamos a quedarnos con lo bueno.

Top of the Lake, de Jane Campion, sobresale entre la marea de series que pueden verse actualmente. Ha habido críticos que dicen que es la mejor serie que probablemente no hayas visto nunca. Y si es cierto que no la has visto, no te culparía. La pusieron de pasada este verano en el canal Sundance y ahora está disponible solo para suscriptores de Netflix.

Ah sí, y es bastante brutita: drogas, sexo, violencia, sangre, huesos, cadáveres, recuerdos, remordimiento, personas desaparecidas…  Es bastante oscura para ser un entretenimiento veraniego.

En la primera escena de la serie están sacando el cuerpo de una chica joven de un lago. Al contrario de lo que suele pasar en la mayoría de las series policíacas, esta chica sigue viva. Se tiró al agua, al parecer para suicidarse, pero una mujer que pasaba por allí logra sacarla. Al ofrecerle algo de ropa seca, la mujer descubre que la niña de 12 años se encuentra en un estado evidente de embarazo. Para mayor intriga, vemos a la víctima con vida y siendo interrogada antes de que desaparezca. Cuando el empático detective le pregunta por su embarazo, ella responde enigmáticamente diciendo que “NADIE” le ha hecho esto. Entonces, después de que la devuelvan a sus parientes (no precisamente la familia perfecta), la chica desaparece.

Nos encontramos así frente con un misterio difícil de resolver: ¿qué hacer cuando “NADIE” es el sospechoso? ¿Cómo vivimos el dolor en un lugar en el que no se puede culpar a nadie? En realidad, en este caso como en tantos otros, parecería que el culpable es todo el mundo en lugar de “nadie”. Se trata de un pueblo pequeño, rodeado de montañas, donde todo el mundo se conoce. Pero nadie dice nada. ¿Cómo vivir en un lugar donde todo el mundo es sospechoso, todo el mundo ha sufrido abusos, todo el mundo los comete?

Hay pecados que cometemos individualmente y otros cuya culpa cargamos en común: pecados sociales, opresión sistematizada, males institucionales y generación tras generación de relaciones desordenadas. Cuando el pecado es compartido, aquellos que sufren sus efectos sienten vergüenza, especialmente si nadie reconoce la verdad o acepta la responsabilidad. Atrapados en ese círculo vicioso, llegamos a aislarnos y el miedo nos paraliza.

Llega un momento en el que un personaje de la serie admite algo que nos rompe el corazón. En medio de todo su dolor y sufrimiento, de tanta vergüenza y confusión, se hace un ovillo y balbucea una confesión muy simple, que no parte de la culpa, sino de la desesperación. Habla de algo que todos sentimos demasiadas veces cuando el dolor nos sobrepasa, cuando no tenemos dónde poner tanto sufrimiento. Dice tristemente: “No sé cómo seguir viviendo”.

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Bajo la cruz.

Entramos en terreno familiar. En cierta ocasión me encontraba yo en un lugar en el que no sabía cómo seguir viviendo. Rezaba allí imaginándome a mí mismo a los pies de la cruz. En aquel lugar vine a entender algo acerca del pecado y el sufrimiento: nos alcanza a todos. Nadie en la vida se libra de él, y en cierta medida, no se supone que seamos responsables de él, tan sólo que carguemos con él. Un sentimiento de libertad me sobrevino cuando me di cuenta de que no era yo el único responsable de mi dolor, o del dolor de las personas a las que quiero. A veces la mierda nos rodea y eso es lo que hay.

La adoración del crucifijo es algo curioso. ¿Por qué contemplar el sufrimiento de un inocente? No pretendo ofrecer aquí una explicación del pecado o de la redención, pero en aquel momento de oración vine a comprender cómo el pecado puede heredarse y cómo podemos pasarnos el sufrimiento de unos a otros como un regalo peligrosamente envenenado. Quizás es a los pies de la cruz donde percibimos una necesidad de redención tan profunda que sólo Dios puede cargar con ella, así que a nosotros nos queda solo rendirnos y mantenernos vigilantes.

Con esto no se pretende negar la responsabilidad y la culpa, pero sí evitar el silencio y la vergüenza. A veces no se trata simplemente de que haya un misterio que comprender, sino una historia que contar. A veces “resolver” un crimen es simplemente reconocerlo y vivir con él. Si puedo nombrar el crimen, si puedo encontrar a alguien que de testimonio, eso es todo lo que necesito para “resolverlo”. Más que retribución, pienso que ansiamos reparación. No estamos simplemente interesados en quién merece morir por la culpa o quién lo hizo, sino cómo seguir viviendo cuando no sabemos cómo soportarlo más.

El mérito artístico y el atractivo estético tienen sus raíces en la honestidad. Los personajes de Top of the Lake hacen lo que la gente hace cuando viven en el dolor y la confusión: se agitan, luchan y follan. Reciben noticias inquietantes y van a comprar un paquete de tabaco o una botella de vino. Llaman a alguien o le mandan un mensaje a sabiendas de que no deberían, alguien a quien no han visto en años. Cortan. Fuman. Dan patadas. Dan puñetazos. Beben. Hacen la única cosa que sirve de ayuda: sufren. Y nosotros miramos.

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La única verdad que necesitamos saber, la única que esperamos descubrir, es la verdad que nos habla significativamente de la experiencia del sufrimiento y el dolor: la verdad del testimonio. En esta serie solo hay misterio porque todo el mundo tiene un motivo, incluso los televidentes. Vemos esta serie porque queremos ser testigos de un dolor que conocemos demasiado bien. Miramos porque al verlo, lo resolvemos.

Puede que veamos muchas historias como esta en la televisión, pero probablemente oigamos demasiado pocas en nuestra vida real. Top of the Lake trae, por tanto, buenas noticias que no esperábamos: hay demasiadas historias tristes que contar y demasiados de entre nosotros para escucharlas. Pero, si de verdad queremos que haya más cuerpos en la superficie del lago1 que bajo ella, mejor será que las escuchemos todas. Mejor será que sigamos mirando.

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La foto de portada, del usuario de Flickr Chris Lindsay, puede encontrarse aquí.

 

 

  1.  “En la superficie del lago” sería la traducción del título de la serie Top of the Lake. (N. del T.)

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